domingo, 13 de agosto de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 9º

Capítulo 9º.

 

EN EL RESTAURANTE

 

Mientras Isidro está pendiente de estacionar su vehículo en el aparcamiento del restaurante, Marina observa a una pareja que en ese momento hacen su aparición en la entrada del local. Es Raúl que va en compañía de una mujer. En ese instante no podría expresar lo que siente. En realidad, se siente defraudada por el amor de su vida. No soporta que le mientan y él le ha mentido desde el principio. Ahora está a punto de descubrirlo todo. Se enfrentará a él cara a cara a ver si es capaz de negarle lo que ya no puede ocultar.

Le parece increíble que pueda estar tan serena, sin nervios y sin importarle ya lo que pueda hacer su marido. Se ha tomado las cosas con tranquilidad y no piensa alterarse, pero eso sí, está a punto de romper la relación de diez años de matrimonio. No aguanta más… se acabaron las mentiras.

 

Marina le pide a Isidro que espere un poco antes de salir del coche, quiere darle tiempo a la pareja para que se acomoden bien.

 

-Todavía no me has dicho quien es esa persona a la que le vas a dar la sorpresa.

-Pronto lo sabrás, no te impacientes. Me parece que tú también vas a ser sorprendido.

-Me tienes intrigado.

-Bueno, creo que los sorprendidos van a ser tres.

 

Cinco minutos después, suena el móvil de Marina. Es Raúl, Marina sonríe irónicamente.

 

-Hola, cariño, ¿cómo has hecho el viaje?

-, Aburrido y algo pesado, pero bien.

-¿Estás ya en la fiesta?

-Sí, pronto llegará el homenajeado.

-Mira, te quería comentar algo que ha surgido esta tarde.

-¿Ha ocurrido algo?

-No. Verás, es que ha venido a la residencia el sobrino de Manuel, ¿Sabes quién te digo?

-Sí, Manuel Delgado, ¿no?

-El mismo. Pues resulta que su mujer se ha ido hoy con su prima a ver a sus tíos que viven en el pueblo, y se van a estar tres o cuatro días. Isidro tiene que ir a Madrid por asuntos de trabajo…

-¿Quién es Isidro?

-El sobrino de Manuel.

-Ah, ya.

-Pues como te decía, me voy a ir con él. Me apetece pasear por la capital y así, cuando termine la fiesta  nos podemos encontrar y volver juntos, ¿qué te parece?

-No podrá ser, yo no puedo estar por ti, ¿comprendes?

-No hace falta. Tú me das la dirección del hotel y nos encontraremos allí.

-Mira, cariño, mañana te llamo y ya te diré lo que vamos a hacer, ¿de acuerdo?

 

Marina cortó la llamada sin contestar. Isidro la miró desconcertado sin saber qué estaba tramando.

-Marina, ¿estás bien? ¡No entiendo nada de nada!

-Pronto lo entenderás todo, prepárate que va a empezar la función. ¡Lo que me voy a divertir!

 

Marina reía mientras salía del coche. Isidro se la miraba sin entender muy bien a qué se debía aquella risita guasona.

 

-¿A qué se debe esa alegría que se dibuja en tu cara, Marina? ¡Qué distinta te veo hoy a como te he visto otros días, sobre todo el día que nos conocimos en la parada del autobús!

-Recuerda que me mandaste una arroba de sal, jejeje.

-Y yo que pensaba que eras esaboría y, eres más salá que las pesetas, ¡ea!

-Las pesetas ya no son nada, por desgracia.

-Así es… con el cariño que le tenían mis padres.

 

Entran en el restaurante. Marina se adelanta unos pasos y, decidida se dirige al comedor. Desde la entrada ha visto a Raúl que está sentado a la mesa junto a su acompañante. Este, está distraído leyendo la carta y conversando con la mujer. Ninguno de los dos ha percibido la llegada de Marina, hasta que esta le habla:

-Con que estás en Madrid con los invitados esperando al homenajeado. No sabía yo que Madrid se encuentra en la costa. ¿Dónde están los invitados? ¿Ella es tu jefe…? Ah, no, es tu amigo Gabriel disfrazado de mujer, ¿verdad? Anda, si lleva unos pendientes idénticos a los míos. Tengo que reconocer que nuestro galán tuvo buen gusto a la hora de elegir el regalo.

-Marina, ¿Qué haces aquí?

-Ya ves, yo también vengo a la fiesta.

-No tienes derecho…

-¡Calla, que yo no te he pedido tu opinión!

-Marina, por favor, estamos en público.

-No temas, que peor que tú te has comportado no me voy a comportar yo. Ahora dime, ¿a qué no tengo derecho? ¿A divertirme o a recordarte tus deberes como marido? ¿Ya no te acuerdas de la promesa que nos hicimos ante los ojos de Dios? Pero lo que más me duele no es el olvido, sino el que me hayas mentido durante tanto tiempo, porque el año pasado también hicisteis una fiesta al director general y el otro anterior… y tantas cosas más. Has estado jugando con dos barajas y eso no te lo perdono. La semana que viene recibirás tus pertenencias en la oficina.

 

Dicho esto, se dio media vuelta para salir y entonces se encontró con la mirada de Isidro, que esperaba a que acabara de hablar para empezar él. Su mujer estaba con la mirada puesta en la copa sin atreverse a levantar la cabeza.

 

-Con razón dicen que el amor es ciego. Yo lo he estado desde el primer día y no he sido capaz de ver lo que era evidente… Ahora me doy cuenta de muchas cosas, pero ya ves, no voy a discutir contigo, solo te deseo que tengas suerte y no te arrepientes nunca de lo que has hecho.

Adiós, Lucía.

 

Isidro y Marina, salieron a la calle con el dolor que les produjo descubrir la verdad, pero sin odio ni rencor dispuestos a disfrutar de la velada.

Sin perder el buen humor, Isidro se pasó la mano por la frente y, mirando a Marina preguntó:

-Marina, ¿se me ven los cuernos?

-¿Se me ven a mí?

 -Contestó ella riendo mientras se alejaba el coche.

 

FIN

 

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 30 de julio de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 7º

Capítulo 8º.

 

FIN DE SEMANA

 

A primera hora de la mañana, Raúl prepara su bolsa de viaje con lo necesario para tres o cuatro días y, con el equipaje en una mano y en la otra mano la cartera del trabajo, se despide de Marina que aún está en la cama. Este le da un beso al tiempo que le dice:

-Cuídate y no te canses mucho en el trabajo. Espero poderte dar la sorpresa que tenía preparada para hoy.

-A ver si es verdad. Llámame en cuanto llegues al hotel.

-Así lo haré, no te preocupes. Te quiero.

-Yo también te…

En ese instante le suena el móvil. Raúl contesta:

-Ya estoy saliendo de mi casa. Se dirige a su mujer: Es mi jefe que ya está esperándome. Adiós, Marina.

-Adiós, Raúl, que tengas buen viaje.

 

Dos horas más tarde.

 

Marina piensa mucho antes de llamar a Isidro. Parece mentira que le caiga tan bien después de lo desagradable que le pareció el primer día. No se puede juzgar a nadie sin haberlo tratado a fondo, solo por la primera impresión. Tal vez, ella también resultaría desagradable, como ya le dijo él cuando se conocieron en la parada del autobús.

 

-¿Isidro?

-¿Ocurre algo, Marina?

-No, nada. Solo quería saber si todavía está usted solo y si sigue en pie la invitación que me hizo anoche de salir a dar una vuelta.

-Por supuesto que sigue en pie. Estoy solo. Mi mujer me ha pedido si la dejaba ir este fin de semana con su prima a ver a sus padres. A la prima no le gusta viajar sola y su marido no está bien para acompañarla. Así que le di mi aprobación y se han ido esta mañana hace un par de horas. Estarán tres o cuatro días. Lucía se ha pedido dos días de fiesta en el trabajo.

-¿Su mujer se llama Lucía?

-Sí, ¿por qué lo pregunta?

-Por nada, solo era una pregunta tonta.

-¿A dónde quiere ir, Marina?

-Mi marido también ha salido con su jefe por asuntos de trabajo y, me gustaría ir a cenar esta noche pero a un restaurante que, al parecer tiene muy buena fama. Está en la costa a dos   horas de camino, así que si no le importa, podríamos quedar a las seis de la tarde en la gasolinera de la carretera.

-Allí estaré, no tenga duda. Primero voy a pasar por la residencia a ver a mi tío, luego haré algunos recados que tengo pendientes y a las seis nos vemos.

-De acuerdo, hasta luego.

 

Marina hizo sus labores y después de comer se fue a la peluquería. De regreso a su casa, bien peinada y maquillada perfectamente, se cambió de ropa y, aunque sencilla, estaba elegantísima, pues tenía buen tipo y era muy guapa. Cuando Isidro la vio bajar del taxi, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Marina era mucho más bonita de lo que él había podido contemplar en el trabajo. Salió de su coche y fue en su busca ofreciéndole su brazo.

 

-Marina, está usted guapísima.

-Gracias, Isidro.

Él abre la puerta del coche y le ayuda a subir y le pone el cinturón. Después se sienta al volante y pregunta:

 

-¿A dónde vamos, bella dama?

 

Ella saca un papel de su bolso y le da una dirección. Él pone el coche en marcha y sonríe.

 

-Esta noche voy a ser el hombre más feliz del mundo, presumiendo de una hermosa mujer a mi lado. ¿Qué te parece si nos tuteamos?

-Está bien, pero no creas que esta aventura de esta noche va a significar algo en nuestras vidas.

-Bueno, eso nunca se sabe. Las cosas comienzan por poco y luego…

-No, no te hagas ilusiones. Lo de esta noche es algo especial… Quiero dar una sorpresa a una persona, nada más.

-¿Sabes, Marina, lo que he visto cuando venía hacia aquí?

-Pues no, no sé lo que has podido ver.

-Pues he visto a la prima de mi mujer que iba cogida del brazo de su marido. Iban bien arreglados y él se le veía buen aspecto.

-O sea, que tu mujer te ha mentido, ¿no es eso?

-No sé dónde está, pero que me ha mentido, de eso no hay duda.

-Tú sabes que la mentira tiene las patas muy cortas y que se coge más pronto a un mentiroso que a un cojo.

-¿Sabe qué digo yo? Que haga lo que le salga de… las narices. Es más desagradable que un limón podrido. El día que está bien, todo va bien, pero como se le tuerza algo no hay quien le aguante.

Yo le canto una coplilla que dice así:

A la reina del vinagre

Le voy a hacer una corona,

Con racimos de uva verde,

Pámpanos de parra y hojas.

 

-Y ella ¿qué le dice?

-Ni se inmuta. Se lo toma todo a cachondeo.

-Claro, como tú eres el gracioso… jejeje.

-Así me llama la gente que me conoce. Mira, esto era un borracho que llega a su casa y cuando lo vio su hijo le dice: Bonita borrachera llevas, papá. Y el padre le contesta: pues seguro que tu madre le encuentra algún defecto.

Luego hay otro borracho que llega a su casa a las cinco de la mañana y llama a su mujer: ¿María…? ¿María…? ¿Quieres que te joda? Ella le contesta: bueno, lo que quieras. Pues levántate y hazme una tortilla de patatas.

-Qué gracioso el borracho. ¡No soporto a un hombre bebido! –Dijo ella sonriendo.

 

Llegaron al lugar, indicado por Marina, a la hora clave.

 

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 16 de julio de 2017

CAPITULO 7º

Capítulo 7º.

 

VIERNES POR LA NOCHE

 

Marina llega a su casa media hora después de acabar su jornada. Por el camino va pensando en lo que hará el fin de semana. Le apetece cambiar de aires y de rutina aunque solo sean unas horas. "En cuanto llegue a casa, le voy a proponer a Raúl salir mañana después de comer hasta el domingo por la tarde."

Abre la puerta y se lleva la sorpresa: en el piso no hay indicios de que Raúl se encuentre en él. Las luces están todas apagadas.

 

-¿Raúl…? ¿Raúl…? ¿Estás en casa?

 

Silencio obtiene por respuesta, solo se oye su propia voz y sus pasos taconeando que se dirigen al dormitorio. Se desnuda, se pone una bata y las zapatillas y se dirige al cuarto de baño para darse una ducha antes de cenar.

Una vez acabada, se sienta a la mesa y se sirve un poco de verdura y pescado que ya dejó preparado por la mañana. En ese instante suena el móvil.

 

-¿Sí?

-¿Marina? Soy Isidro. ¿Se acuerda que le dije que la llamaría para preguntar por mi tío?

-Sí, claro que me acuerdo.

-¿Y qué, cómo se ha quedado?

-Yo lo veo bien. Cuando le he acompañado a la habitación PARA ACOSTARSE, le he vuelto a tomar la temperatura y estaba bien. He dejado una nota al turno de noche para que estén al tanto por si necesita algo, así que puede acostarse tranquilo, que él está bien.

-Muchas gracias, Marina. Creo que voy a hacer lo que me ha recomendado: irme a dormir ya que estoy solo.

-¿No está su mujer?

-No, cuando he llegado de la residencia, me he encontrado una nota diciéndome que iba a salir con su prima y que a lo mejor llegaría un poco tarde.

-Pues está de suerte.

¿Por qué estoy de suerte, Marina?

-Porque a usted le ha dejado una nota, en cambio a mí, mi marido no me ha dejado nada y tampoco está en casa. Así que estoy cenando sola.

-Si quiere, puedo pasar a buscarla y nos vamos nosotros también, jejeje.

-No, yo no soy de esas. Aunque ya me gustaría saber con quién está Mi media naranja. Cuando llegue tendrá que pasar por el interrogatorio policial, jejeje.

-Pues a ver si tiene suerte y descubre la verdad.

-Me parece que me va a caer una lluvia de mentiras de padre y señor mío. Me lo estoy imaginando.

Pues tenga mucho cuidado con esa lluvia, no sea que la moje demasiado y le haga coger un resfriado agudo producido por mentiritis, que la lleve al borde de un ataque de esaboríos estornudos y contamine a los que le rodeen en ese momento.

-No se preocupe, lo tendré en cuenta.

-Espero verla la próxima semana en la residencia con ese toque irónico y guasón, que a veces flora en su rostro esaborío y, al mismo tiempo simpático. Sin proponérselo, cualquier hombre puede perder el sentío y verse, en cuestión de momentos, envuelto en el embrujo que desprenden las niñas de sus ojos brillantes como los rayos del sol.

-Madre de Dios, Isidro, usted se enrolla como una persiana, jejeje.

-Perdone, Marina, pero es que usted me cae bien aunque  le diga que es esaboría. No la molesto más. Que le aproveche la cena y que tenga feliz fin de semana.

-Igualmente, Isidro, buenas noches.

 

Marina está cansada pero no piensa acostarse hasta ver llegar a Raúl. Está dispuesta a descubrir la verdad de sus mentiras. Pasadas las doce de la  noche, oyó que se abría la puerta y en seguidas los pasos que se dirigían hacia el salón, donde estaba viendo una película en la tele estirada sobre el sofá. Se incorporó para salir a su encuentro con una dulce e ingenua sonrisa.

 

-Buenas noches, Marina.

-Hola, Raúl. ¿Qué te ha pasado para venir tan tarde?

-Lo de siempre. Me da una rabia… A última hora me dice el jefe que tenemos que preparar una cena sorpresa para el director generar con motivo de sus setenta aniversario, con los jefes de todas las empresas y, precisamente mañana. ¡Me tiene hasta las narices…! Si no fuera por lo que es, lo  iba a preparar todo él. Al fin y al cabo, los negocios son suyos y no míos. Nada menos que mañana, que ya tenía yo mis planes hechos…

-¿Con setenta años todavía está activo?

-No del todo, pero sí lleva algunos asuntos todavía. Lo más fuerte lo llevan los hijos y directores que nombró en su día. Quería darte una sorpresa y resulta que la sorpresa me la he llevado yo. Pero no te lo pierdas, el domingo sigue la fiesta y el lunes empalmamos con una reunión, así que me iré mañana y estaré fuera tres días, si es que no lo alargan más.

 

-¿Dónde hacen la fiesta?

-En la central de Madrid.

-Bueno, no padezcas. Yo también tengo que trabajar este fin de semana. Ana tiene otro compromiso y me ha pedido si le puedo hacer su turno, así que tampoco podríamos salir, aunque me encantaría.

 

Marina habla con naturalidad sin apartar la vista de la mancha de carmín que Raúl lleva en el cuello por debajo de la oreja.

 

-¿Vas a cenar?

-No, nos hemos comido un bocadillo en el despacho mientras preparábamos todo para el viaje. Me voy a dar una ducha y me voy a la cama. Estoy cansado y mañana salimos a primera hora.

-Yo también estoy cansada. Me voy a dormir.

 

Mientras Raúl se ducha, Marina ojea la  cartera de su marido. En ella encuentra algo interesante. De un sobre saca un papel, le hace una foto con el móvil y se apunta algo en otro papel que se guarda en su bolso. Después lo deja todo en la cartera tal y como lo ha encontrado y se mete en la cama fingiendo tener mucho sueño.

 

Piedad Martos Lorente.

 

domingo, 2 de julio de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 6º

Capítulo 6º.

 

VIERNES POR LA TARDE

 

Irene y Marina coinciden en la cocina a la hora de preparar la merienda. Irene pregunta a Marina:

-¿Qué tal se presenta el fin de semana, Marina? ¿Has hecho las paces con tu marido?

-Bueno, digamos que sí aunque no lo tengo muy claro.

-¿Qué quieres decir?

-Pues eso, que no estoy muy segura… estoy recelosa…

-¿Quieres decir que tu marido te es infiel?

-Bueno, no tengo pruebas, pero…  Mira que pendientes me ha regalado. (Marina se pone de lado y le muestra el pendiente que lleva en el lóbulo.)

-Ay, qué bonitos, chica. ¿Y por eso estás recelosa? Pues tendrías que estar contenta. ¡Son preciosos!

-Sí, los pendientes me gustan mucho, pero no estoy segura de su amor… Yo creo que los pendientes son una tapadera. No me convence sus excusas.

-¿Vais a salir este fin de semana?

-Eso quiero. Todavía no me ha confirmado nada en concreto.

-No seas tan desconfiada, Mujer. Siempre os habéis llevado bien, ¿no?

-Sí, claro. Pero desde hace unos meses, la cosa ha cambiado mucho. Raúl ya no es el mismo de antes, que te lo digo yo, Irene.

-Las personas cambiamos conforme nos hacemos más mayores. A ver si eres tú la que ha cambiado…

-¿Yo? ¡Anda, tira con las meriendas y no digas tonterías!

 

EN LA HORA DE VISITAS

 

Marina se cruza en el vestíbulo con Isidro.

 

-Buenas tardes, esaboría.

-Buenas tardes, gracioso.

-Hoy la veo sonriente, ¿dónde ha dejado los nervios?

-Los he dejado aparcados en mi casa, por si los tengo que coger cuando llegue esta noche.

-Ay, qué graciosa es usted.

-¿Pero no habíamos quedado en que yo soy esaboría y usted es el gracioso?

-así es, pero hoy la veo yo de otra manera… Más sonriente… más alegre… No sé, pero la veo mucho más guapa y todo, y eso que usted tiene un rato largo de guapa. Yo la comparo como el jamón con melón…

-¿¿Cómo…? ¿Me compara con el jamón con melón?

-No piense mal. Usted es muy seria y muy guapa, y la seriedad hace un contraste con la belleza, que aún la hace más atractiva todavía. Igual que el contraste del dulce con el salado, o como agrio y dulce, que se chupa uno los dedos. Ay, madre, si yo no estuviera casado…

-Si usted no estuviera casado, estaría soltero, no te jorobas.

-Sí, claro. Si yo estuviera soltero, ahora le cantaría:

Quisiera ser hiedra

para subir por las paredes,

entrar en tu habitación

y ver el dormir que tienes…

-Muy romántico es usted. Su mujer debe ser muy afortunada con un hombre tan gracioso y alegre.

-No lo crea. Ella siempre tiene alguna queja.

-Supongo que si se queja es porque le da motivos.

-Qué va. Si yo siempre estoy igual de cariñoso. A veces le pregunto: ¿Me quieres, luz de mi estrella? Y ella me contesta: Sí, mi cielo oscuro, te quiero pero lejos de mi presencia. Vete a tomar por culo.

-¿Y usted qué hace o qué le dice?

-Nada. ¿Qué voy a hacer? Me doy la vuelta y le digo: Pues que te den a ti también, ¡ea! Y me voy a dar una vuelta por ahí. Hoy, después de salir del trabajo  me he venido derecho a ver a mi tío.

-Pues hala, Ya puede pasar con él, que está en la sala.

 

Una hora más tarde.

 

Isidro va en busca de Marina.

 

-¿Marina…? ¿Marina…?

-¿Qué pasa, Isidro?

-Venga, por favor. Parece que mi tío no está bien.

 

Efectivamente, Manuel dice que no se encuentra muy bien y tiene mala cara. Marina le toma la tensión y le pone el termómetro. Parece que algo le está rondando, aunque no parece nada grave.

 

-Tiene unas décimas pero poca cosa. Le voy a dar un paracetamol y si vemos que sigue igual llamaremos al médico.

-Marina, usted perdone ¿pero me podría dar su teléfono para llamarla por la noche y me dice como sigue? Es que voy a estar preocupado sin saber lo que tiene.

-Sí, claro. Ahora le doy una tarjeta de la residencia y le apunto mi móvil. Pero usted puede llamar aquí siempre que lo desee.

-Ya lo sé, pero me sabe mal llamar tan tarde… Si a usted no le importa, prefiero llamarla cuando ya esté fuera de servicio. Yo también le voy a dar mi número por si tiene que llamarme por algo. No quiero que mi tío esté desatendido por su sobrino favorito.

-Lo tendré en cuenta. Váyase tranquilo que aquí está bien cuidado.

-Muchas gracias, Marina. Qué bien me cae usted, jolines, con lo mal que me cayó el primer día, jejeje.

-Uf, si yo hablara…

-¿Yo también le caí mal?

-Mal no, pero más pesado que una baca en brazos.

 

Los dos sonrieron y se despidieron.

 

-Hasta luego, Marina. Ah, deje los nervios aparcados y no haga uso de ellos, por favor. Así, como está hoy vale mucho más, que se lo dice Isidro el gracioso.

-Lo tendré en cuenta, Isidro. Hasta luego, buenas noches.

 

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 18 de junio de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 5º

Capítulo 5º.

 

EN EL SUPERMERCADO

 

Mientras coge los productos de la estantería, Marina ve de reojo a un hombre que lleva un brazo vendado. Sorprendida se acerca a él y le saluda.

-Buenos días, Gabriel.

-Buenos días, Marina. No te había visto.

-¿Qué te ha pasado en el brazo?

-Un accidente en el trabajo, pero ya estoy mejor. Después de dos semanas al final  me han tenido que operar.

-Ah, ¿sí? Pues no me ha dicho nada Raúl.

-Bueno, supongo que Raúl no lo sabe. Al menos yo no le he dicho nada.

¿Cómo que no se lo has dicho?

-No, no, es que hace mucho tiempo que no nos vemos. Por lo menos hace tres meses… ¿Te acuerdas el día que nos vimos en la plaza del mercado?

-Sí.

-Pues desde ese día no nos hemos visto.

-¿Entonces, el domingo no celebraste tu cumpleaños?

-¿Estás de broma? El domingo todavía estaba en el hospital y mi cumpleaños ya pasó hace mucho tiempo... tanto que ni me acuerdo. Me dieron el alta ayer y, me faltaban algunas cosas y he venido a reponer la despensa, porque si no, lo tengo mal, jeje.

-Así es. Si no nos espabilamos nosotros, la compra no viene sola. Bueno, chico, me alegro mucho de verte y que te mejores.

-Gracias, mujer. Dale recuerdos a Raúl y a ver si nos juntamos un día de estos y vamos a tomar algo.

-¡Ya lo creo, que le daré recuerdos, y no sabes cuánto me alegro de verte!

 

A LA HORA DE COMER

 

Sentados uno frente al otro, Marina conversa con su marido aparentando tranquilidad y alegría.

 

-Ah, ¿a que no sabe a quien he visto hoy en el supermercado?

-Alguna amiga tuya ¿no?

-No, te equivocas. A un amigo tuyo. Por cierto, no me has dicho que ha tenido un accidente en el trabajo y que ha estado ingresado en el hospital hasta ayer.

-Es que yo no sé nada de ningún accidente de ningún amigo. ¿Quién es ese amigo?

-Gabriel.

-¿Gabriel? Si el domingo estaba bien.

-Sí, estaba mejor, pero en el hospital. Por cierto, su cumpleaños pasó hace barios meses. ¿Me puedes decir con quién estuviste el domingo?

 

Raúl, blanco como el papel no sabe qué contestar y está a punto de atragantarse. Empieza a balbucear palabras sin aclarar demasiado, simulando tener la boca llena.

 

-Ya te lo dije. Con Gabriel…

-¡No mientas!

-No miento, cariño. Es que yo te hablé de otro amigo que también se llama Gabriel.

-Ah, ¿sí? ¿Y quién es ese Gabriel que yo no lo conozco?

-Sí, mujer, es un amiguete mío de la infancia. También vive solo.

-¿De verdad, no me estás mintiendo? ¿No será una Gabriela, o tal vez una Lucía?

-¡Calla, mujer, calla! Cómo te voy a engañar yo, si eres mi vida entera. Lo que más me importa en este mundo. Cariño, no seas mal pensada…

-Ay, cariño… ¡Cariño, como te quiero tanto, te la endiño!

-No digas más tonterías… tengamos la comida en paz.

 

Marina disimula la duda y está dispuesta a descubrir la verdad. Para ello, en un descuido de Raúl registra los bolsillos, cartera y todo aquello donde pueda encontrar algún indicio de su infidelidad. En el bolsillo de una americana encuentra un pequeño paquete envuelto en papel de regalo. Indignada sale al salón con él en las manos preguntando en voz alta:

-¡Raúl! ¿Me puedes decir que es esto?

-¿Por qué me has registrado los bolsillos? ¿Es que no me crees?

-No. No me creo el cuento ese del cumpleaños de tu supuesto amigo.

-Está bien, te voy a decir la verdad. El domingo pasado fui a un centro comercial a comprarte un regalo. Quería darte una sorpresa el próximo domingo, pero todo se ha ido al garete. Ábrelo, son unos pendientes.

-¿Un regalo para mí?

-Sí, para ti. ¿Tiene algo de malo?

-No, pero me extraña un montón que me hagas un regalo tan caro sin ser ninguna fecha importante. Que yo sepa no celebramos nada.

-¡Madre mía, qué pesada te pones!

 

Marina desenvuelve el paquete y saca de su interior una cajita de joyería, la abre y se queda con la boca abierta.

 

-¡Oh, qué bonitos! Perdona, Raúl… Yo no quiero enfadarme contigo, pero es que a veces haces cosas que me hacen sospechar… Perdóname, por favor.

-Acepto tu perdón. No pasa nada, gatita mía.

 

La pareja se funden en un abrazo y después se despiden para ir cada uno a su trabajo.

 

Piedad Martos Lorente

 

 

domingo, 4 de junio de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 4º

Capítulo 4º.

 

POR LA NOCHE EN CASA DE MARINA

 

Cuando Marina llega a su casa después de acabada su jornada, su marido se halla sentado en el sofá frente al televisor. Al oír la puerta, se incorpora y echa el cuerpo hacia delante para saludar a su mujer con una amplia sonrisa.

 

-Buenas noches, cariño.

-Buenas noches Raúl.

-¿Cómo te ha ido el día?

-Uf, he tenido un día de perros.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Pues eso, que he tenido un mal día.

-¿Los perros tienen mal día?

-Y qué sé yo. Mi padre siempre decía eso. Supongo que será una forma de expresar o calificar cuando se tiene mal día por el motivo que sea.

-No sé por qué, porque si lo miras bien, los perros no lo pasan tan mal. Su obligación es comer, dormir y guardar a su amo. ¿Has tenido mucho trabajo en la residencia?

-Pues como cada día, ni más ni menos

-¿Entonces A qué se debe el mal día?

-No sé por qué preguntas si sabes los motivos.

-Ah, ya sé. Estás enfadada porque me fui a comer con mi amigo. Mira que eres tonta.

-Tú lo habrás pasado muy bien, pero yo he tenido unos nervios todo el día que no te puedes ni imaginar. Suerte que entre el trabajo, los abuelitos y las visitas se me han ido aplacando.

-Anda, tonta, ven para acá y dame un beso. ¡Si yo te quiero más que a nadie!

-Pues a ver si me lo demuestras la semana que viene, que tengo fiesta.

-¿A dónde quieres ir?

-Podríamos ir a la playa, por ejemplo.

-Uf, ¿a la playa…? Es que…

-Pues si no te apetece, podemos ir al teatro. Me han dicho que hacen una obra muy buena.

-Bueno, ya veremos… En casa también se está bien y se descansa más.

-No te entiendo, Raúl. De verdad que no te entiendo. Hoy he comido sola mientras tú has comido con tu amigo.

-Mujer, era el cumpleaños de Gabriel y el pobre está solo, ¿qué menos podía hacer por él?

-Pues la semana que viene podemos celebrar mi cumpleaños.

-¿Tu cumpleaños? ¡Pero si todavía falta cinco meses!

-Pues podemos celebrar el tuyo.

-Cariño, mi cumpleaños fue el mes pasado.

-¡Ya lo sé! ¿Y qué pasa si lo celebramos otra vez? ¡Pues si no hay playa, ni teatro, ni cumpleaños, nos vamos de viaje a París, por ejemplo, porque yo quiero salir con mi marido y divertirme con mi marido! ¿Entiendes, marido mío? ¡Quiero salir cuando yo tenga fiesta de la residencia!

-Cálmate, mujer, iremos a donde tú digas. Pero tienes que comprender que yo también estoy cansado, porque yo también trabajo.

-Ah, sí. ¿Y que es lo que hago yo? Pues que yo sepa no me estoy parada. Trabajo de lunes a viernes y los fines de semana cada vez que me toca, además de las labores de la casa. Así que hoy estoy cansadísima y vas a preparar tú la cena.

-A sus órdenes, mi sargento. ¿Qué quiere usted cenar?

-Estoy traspillada y no me apetece nada. Hazme aunque sea una tortilla francesa y un poco de ensalada.

 

Durante la cena.

 

-¿Hubo mucha gente en la comida del cumpleaños de Gabriel?

-Nadie, solo él y yo.

-¿En qué restaurante lo ha celebrado?

-Bueno, fuimos a la playa y comimos en un chiringuito de aquellos.

-Ah, muy bien. Me parece estupendo. Hoy puedes ir con Gabriel y la semana que viene no puedes ir conmigo… No sé qué te pasa, Raúl. Cada vez te alejas más de mí.

-No digas chorradas y come, anda.

-No sé por qué, hoy me huele esto a chamusquina.

-Anda, ven para acá, gatita mía, que te voy a amansar con un beso.

-¿Y se puede saber por qué me llamas gatita?

-Bueno, pues… porque… porque hoy vienes con las uñas afiladas como los gatos.

-Porque ya no me quieres.

-¡Y dale otra vez! ¡Cómo no te voy a querer, pichoncita mía, si eres mi vida!

-Pues dime algo bonito, algo gracioso… Recítame una poesía…

-¿Que te recite una poesía?

¿Pero es que tengo yo cara de poeta, querida Lucía…?

-¿Me has llamado Lucía?

-¡Cómo te voy a llamar Lucía!

-¡Lo acabas de decir!

-¿No me has dicho que te recite una poesía? Pues para que rime: Poesía y Lucía.

-Pero yo me llamo Marina y no Lucía.

-Ay, Marina, con el día tan bonito que he tenido y la noche de perros que me estas dando.

 

Piedad Martos